Diario de abordo (IV)

Dia cero de un mes cualqiera del año en el que todo empezó de nuevo.

Queridos navegantes de esta locura:

Os vuelvo a escribir, esta vez para hablaros de la decepción. Palabra muy extraña, decepcionar implica haber ganado algo con alguien y de pronto echarlo a perder. Compañeros de barril de ron, ya lo dije en su día antes de embarcarme en esta locura que no existía tal cosa, pero me hicieron creer que era real y que podía existir, y aquí estoy, con una botella del dulce manjar alcohólico dorado y creando un mar sobre mi escritorio. Y es que amigos, nunca había llegado a decepcionarme tanto.

Yo creía que estaba en lo cierto, que todo iba bien. Pero un poco de viento en contra y en vez de acabar en Honolulu acabas en el ardido desierto de Sihra, creerme si os digo que no queréis vagar por dicho desierto nunca. Pero no os escribo esto para contaros la historia de como las sirenas se vuelven tiburones, si no, estoy aquí para daros la pista decisiva para encontrar lo que buscamos.

Al principio como cualquier pequeño cambio en la vida, sufres y tienes miedo, te planteas reescribir cualquier mínimo detalle, todo es nada y nada es todo. Después aprendes, para bien o para mal, que las sirenas no son mas que peces que habitan en el mar. Unos, como cuenta la leyenda, terminan convirtiéndose en depredadores hambrientos, otros en cambio se limitan a ayudarte a que te mantengas a flote. ¡¡Arriar la vela mayor pequeños grumetes de agua dulce!! Y estad muy atentos, pues nunca sabes que tipo de sirenas te vas a encontrar.

Si por desgracia, te salen tiburones un día en tu paso. Lucha con ellos hasta que no te queden fuerzas, pero no sobrepases el limite o te devoraran. Y después navega tranquilo, intenta no desconfiar de los demás seres acuáticos  pero tampoco te fíes mucho de ellos, dale lo justo en cada momento. Si tenéis que dejar caer millones de gotas de agua salada, hacedlo así conoceremos más mar del que aprender y para navegar. Pero sobretodo, asimila la gran lección que nos dejo el capitán Barboja: “Solo hay una sirena que nunca se volverá tiburón para ti y esa eres tú mismo. Aprende mantener a flote el barco tu solito y a que tu felicidad no dependa de los demás, entonces tendrás la única clave para seguir”.

Reescribiendo su vida y con sentimientos que no se pueden describir, aquí se despide vuestro amigo, el que promete que siempre intentará ser sirena sin transformarse.

El capitán.

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