A una princesa (XI)

Pequeña,

Yo, que me pensaba un poco más cerca de la Isla de Aribudas y resulta que cada vez estoy un poquito más lejos. No sé, ni siquiera, por dónde empezar esta pequeña, pero increíble, historia. ¿Porqué no lo hacemos desde el principio, inicio temporal, organización cronológica? Aún de esta forma, me cuesta encontrar como dibujar estas palabras, como encontrarle sentido a todo lo que me dice la cosa esa llamada mente. Y mucho menos, como transmitirtelas para que desde tu torre las veas, las asimiles o siquiera las entiendas. Si no me entiendo ni yo mientras te escribo todo esto, como puedo pretender que lo hagas tú.

Hay personas en este mundo que están consideradas como valientes. ¿Pero que significa eso? ¿Salir de lo que cotidianamente se llama Zona de Confort? Ultimamente, me han repetido mucho eso de que soy valiente, y sinceramente, no se que significa. ¿Que si me considero una persona valiente? Socialmente, me han dicho que si. Personalmente, estoy igual de perdida que en el resto de aspectos de mi vida. Creo, fielmente, que ser valiente es enfrentarte a situaciones que te generan duda, sea cual sea la respuesta. Simplemente el hecho de agarrar esa duda, ponerla frente a ti y decirle: “puedo contigo”. Desde hace poco, empiezo a creerme que soy valiente. Menos dudas planto sobre mi valentía.

Hay un hecho, un relato, que me gustaría que conocieras sobre los últimos sucesos por el mar Otropica. De ello, saca la conclusión que quieras, entiende y comprende lo que mejor te parezca, pues hay cosas en esta vida que no se entienden de forma aislada, si no que necesitas todo el conjunto para ponerlas en orden, para que adquieran ese sentido que nos quita la duda, y que hace las fábulas veraces.

Ella estaba allí, tumbada, rodeada de gente desconocidamente maravillosa. Confiando plenamente en dos seres que acababa de conocer. Ella estaba ahí, enraizandose con el suelo, sintiendo como el aire llenaba sus pulmones y su estómago. Concentrada en ello y divagando sobre ello. Gestionandose. 

Empezó a sentir como su cuerpo se partía en dos mitades. Como cada una se movía sin sentir ningún apego por la otra, como si no pertenecieran al mismo cuerpo. Indiferentes. Ella se concentraba. Sin darse cuenta de como, se encontró con los brazos ligeramente por encima de la cabeza, las palmas de la mano hacia el cielo, su cuerpo en el suelo. Notó una energía emanando de sus manos, hacia el cielo, con fuerza, brillante y poderosa.  Pronto, toda ella comenzó a rodearse de esa poderosa luz. Cada milímetro de su cuerpo, recoveco y pequeña imperfección, se encontraba bañada por eso, todo. 

A su mente, recurrieron enseguida, imágenes de sus inseguridades, de sus fobias, de todas aquellas cosas que te hacen respirar aceleradamente, que te hacen perder el sentido y rezarle a aquellos dioses en los que no crees. Pero no se iba a poner a implorar a nadie, ella era la única dueña. “Cómeme, aplástame, trágame o haz conmigo lo que quieras, no te tengo miedo”, no paraba de repetirse mientras aparecía todo lo oscuro. Gente iba y venía a su alrededor. Movimiento por doquier, y a su vez, calma.  Nunca se había sentido tan poderosa, tan tranquila y tan… tan… valiente. 

Pasó la tempestad, no sería nadie capaz de relatar cada segundo de lo que allí surgió. Recobrando el sentido, apaciguando la respiración, notó que la desigualdad de su cuerpo no era aleatoria, que estaba abriéndose paso algo de sus entrañas. No se asustó. No tuvo miedo. Recordó como era sentirse valiente, rodeada de esa luz amarilla. Pronto, brotó de sus entrañas una mariposa. De cuerpo negro, alas generalmente moradas pero oscurecidas en sus extremos, en todo el borde. El insecto, se le posó sobre su frente, como un ligero beso. Y se fue libre. 

Todo parecía acabado. Recobraba el sentido. Y volvió la energía amarilla. Pero esta vez no era inmensa, era una pequeña canica. Se metía por su oído izquierdo y recorría toda su cabeza. No tenía prisa, no se quería dejar ningún recoveco. Jugaba con ella, con su atención, se escapaba y se escondía, cuando ella pensaba que la había perdido, vibraba más fuerte para que volviera a encontrarla. Pasaron unos minutos jugando, hasta que la bolita se marchó, por su oído derecho.  

Pronto, abrió los ojos, y ya no era ella. 

Esto es todo lo que te puedo contar, por ahora. Creo que me he excedido demasiado en esta carta, no quiero sobrecargar al hada mensajera que te transportará este mensaje. Quiero, deseo, que todo el tiempo que mantengas esto entre las manos, aceptes. No hay bueno ni malo, no hay mejor ni peor, no hay verdades absolutas ni certezas a medias. Hay lo que tú quieras que haya, hay tu verdad.

Todas mis cartas, intentan enseñarte algo. Pero esta es todo lo contrario, todas las dudas están abiertas. Esta es solo un principio. No se de qué. No se cuándo llegará el nudo, y menos el desenlace. Solo sé que ahora toca eso, empezar. Comenzar a ser valiente, iniciar la valentía, originar el final de las dudas. No desesperes, pronto te contaré la historia de Marta.

Enamoradamente perdido,

Te quiere y siempre te querrá,

Piter.

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