Diario de abordo (XIII)

Día once mil once de un mes cualquiera del
año en el que me encontré con la muchedad
Queridos navegantes de esta locura:
Muchas veces pienso en este diario, en las páginas que os escribo, y me doy cuenta de lo Cerbero que puedo llegar a ser. Estoy loco, si, pero no es por eso. Pasa tanto de una vez que os escribo a otra, que sólo escribo cuando necesito poner en orden mis pensamientos.
Grumetes, si, voy a decir lo siguiente: cuanta injusticia hay en el mundo, y cuantas veces vemos esa injusticia como una señal del destino de que no le caemos bien, y no somos capaces de ver que hay detrás, más allá. A veces por más que luchas, que te levantas o que blandes tu espada sigues cayendo en la misma trampa, y miramos a otros y nos dejamos creer que no tenemos ninguna responsabilidad… Pero ¿Y si le damos la vuelta?
Ultimamente hago mucho el pino, cambio de perspectiva. Muy mala persona tengo que ser, ( que bueno depende de quien lo mire lo seré) como para que el sino me ponga en mi camino cosas tan maravillosas y me las arrebate así en un instante. No creo que ese sea mi camino, malo, lleno de pedruscos. Entonces ¿que? ¿Para que? La respuesta, como suele ser la habitual por estas páginas, es: no lo se.
Hace poco, me enfrasque en una nueva encrucijada, me hablaron del tesoro del artista. Cuentan miles de leyendas sobre el, sobre dónde está enterrado y las bienaventuras que le deparan a quien lo encuentra. Pero nadie te cuenta las desventuras y los maleficios que se hayan en el camino. Estoy acostumbrado a enfrentarme a todo tipo de seres que hay en el mundo. Desde el más dulce unicornio atrapado, al feroz Anfisbena. Y no, no tengo miedo a quien venga porque soy valiente. Pero no hay espada que te pueda defender de esto. Me alie con Ika, el tesoro a partes iguales. Ella tenía experiencia en esto y vosotros, camaradas, la conocéis como yo. Pero amigos, este sendero no tiene bestias como las conocemos, son inviables, indetectablea y derrepenete… Badun, te han atrapado. Ika me ha enseñado muchos recursos para avanzar, pero al final ella viene conmigo. Estamos llegando, lo sé, lo noto, pero lo que se iba a hacer más tranquilo, no me lo parece. No me riendo, pero no os negaré que he pensado en hacerlo, en varias ocasiones.
Cuando lo encuentre, os prometo, que dejaré registrado que es ese dulce tesoro, que solo de pensarlo se me hacen miel los labios y el ron me sabe insípido. Mientras tanto, doy vueltas sobre cómo ver las cosas, cual es el camino y cómo llego hasta el. Sobre mi, sobre ti, sobre vosotros y sobre la más pequeña flor del planeta, todo me resulta cuestionable. Perderé cosas por el camino, tendremos que quitar lastre y no sé que se quedará atrás, que guardaré conmigo o que desaparecerá en el olvido. Pero siento que ya no se nada, sabiendo mucho más que antes.
Todo este registro, venían a otro acontecimiento de la vida, pero mírame, perdido encontrado, víctima siendo verdugo, el más loco de los cuerdos locos, yo ya no lo se.
Vuestro capitán, el capitán:
Piter
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